El 15 de abril recordamos un aniversario más del debut en Grandes Ligas del
primer pelotero de color en el año de 1947. Jackie Robinson rompió la barrera
de las razas que existía en el rey de los deportes en Estados Unidos, al debutar
a los 28 años con el equipo de los Dodgers de Brooklyn. Y es oportuno siempre
reconocer el mérito que tiene el manager general del equipo, el señor Branch
Rickey, quien con su estupenda visión de hombre de negocios, decidió
jugársela y contratar a la rutilante estrella de las ligas negras.
A partir de 1890 existía un acuerdo verbal “entre caballeros” , por parte de los
magnates de los equipos profesionales de pelota, de no permitir en sus equipos
a jugadores de color. Durante más de medio siglo los propietarios de los
equipos no firmaron a jugadores negros, por más destacados que fueran.
Sin embargo, Rickey, quien siempre fue un defensor de la igualdad entre las
personas, sin importar el color de su piel, rompió aquel acuerdo y con deseos
de ganar más juegos, consiguió contratar a Robinson. “Mi gran experimento”
nombraba el directivo a su idea de hacer debutar a un pelotero de color que
reuniera dos cualidades: un gran talento y una arrolladora personalidad. Y tenía
ya su candidato: un jugador con cualidades excepcionales para jugar el beisbol.
Lo habían estado observando en su desempeño como un excelente atleta
universitario en la UCLA, y luego con el equipo de los Monarcas de Kansas City
en la Liga Negra en 1945. El jugador había tenido problemas debido a los
desafíos que hacía del racismo reinante en el país. Fue enjuiciado cuando al
estar en el ejército estadounidense, y con el puesto de teniente, no quiso
sentarse en el lugar asignado para negros en un autobús militar.
Al año siguiente, en 1946 jugó para los Reales de Montreal de la Liga
Internacional, y así rompería la barrera racial profesional. Y Branch Rickey no
esperó más. “Este es el hombre!”- debió decir ante su grupo de colaboradores
en la organización. El 10 de abril Rickey hizo el anuncio oficial de la compra del contrato del jugador para enfundarse la franela de los Dodgers. Jackie debutó el 15 de abril y soportó durante la temporada los insultos de los aficionados, y de sus propios compañeros, pero él tenía la orden de su patrón, de ignorarlos. En una ocasión el jonronero de color Hank Aaron dijo para la revista Time que “Robinson debía ser un gran hombre. Tenía que ser mayor que sus compañeros de equipo, quienes pusieron una petición para prohibirle la entrada a la casa club. Mayor que los lanzadores que le tiraban pelotazos a propósito. Mayor que los jugadores que le gritaban que llevara sus bolsas y diera lustres a sus spikes. Mayor que los supuestos fanáticos que se burlaban de él y le gritaban amenazas de muerte!”, señaló. Durante una década Robinson jugó para los Dodgers y sus números hablan de su calidad en el diamante. Fue el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional y ayudó a su equipo a llegar a la Serie Mundial de 1955. Ingresó al Salón de la Fama en 1962, en su primer año de elegibilidad. Sus números durante su carrera merecen ser un comentario para otra ocasión, pues hoy quisimos recordar solo el suceso de su debut. Al retirarse como pelotero activo, se dedicó a los negocios, la política y las causas sociales. Sin embargo, su estado de salud no era óptimo. Sufrió un infarto del que sobrevivió en 1968, y había perdido casi la totalidad de la vista con motivo de su diabetes. Y a los 53 años de edad, en su casa de Stanmford, Conn. tuvo un segundo ataque cardíaco, perdiendo la vida. Como un dato aparte, el que esto escribe guarda con mucho cariño una película de colección titulada “La historia de Jackie Robinson”, protagonizada por el propio pelotero. Hoy la volvimos a ver, para recordar a este peloterazo que abrió las puertas de la Gran Carpa a la gente de color, con la ayuda de mr. Branch Rickey, un hombre a quien su “experimento”.



