Era la tarde del sábado 11 de septiembre de 1976 en el Estadio Parral. Un sol a media corona calentaba las butacas y pintaba de oro las gradas. La multitud, hambrienta de gloria, esperaba que la final estatal Juárez vs Parral dejara una historia inolvidable. Lo que nadie imaginaba era que un joven llamado Enrique Licón estaba a punto de convertir aquel enfrentamiento en leyenda pura.
EL AMBIENTE PREVIÓ LO INIMAGINABLE
La voz del locutor retumbaba: “Aquí, en casa, Juárez sueña con la corona…” Los aficionados ondeaban banderas blancas y verdes, coreando cada lanzamiento del derecho Octavio Ramírez. El olor a palomitas y a gimnasio recién encerado se mezclaba con el sudor de los jugadores. Desde los túneles salió Licón, bate en mano, con la mirada fija y el corazón de diamante.
TRES JONRONES FRENTE A OCTAVIO RAMÍREZ, DESCRITOS EN DETALLE
- Primera entrada
• Ocasión: compañero en primera base.
• El impacto: un tablazo poderoso al jardín izquierdo que superó la barda con impresionante curvas.
• Sensación en el estadio: un estallido de júbilo que resonó como un trueno. - Tercera entrada
• Ocasión: sin corredores en base.
• El impacto: un batazo seco y centrado que hizo vibrar el cuero del guante del jardinero.
• Sensación en el estadio: el eco de aquel golpe retumbó en cada grada. - Octava entrada
• Ocasión: nuevamente con el plato despejado.
• El impacto: el más largo de los tres, la pelota pareció desafiar la gravedad antes de caer más allá del rebote.
• Sensación en el estadio: enmudeció el ambiente un instante antes de estallar en ovaciones.
Cada batazo hacía temblar la cúpula de concreto. Los gritos de “¡Jonrón, Licón!” retumbaron como olas incontrolables. El marcador seguía 5–4 en contra de Juárez cuando Licón recogió tres bambinazos que parecían obra de magia
CLÍMAX: LA NOVENA ENTRADA Y EL CUARTO JONRÓN
Juárez perdía 5 por 4. Con dos hombres en base, Alfredo Robles sube al montículo como último guardián. Lanzó una recta algo elevada, apenas al nivel de las rodillas.
Licón cargó el bate, giró la cadera y soltó el swing más recordado de su vida. La pelota voló hasta perderse en la planicie tras el rebote del cerco. El rugido del público fue tal que el aire pareció romperse.
LA EUFORIA Y EL RITUAL DE LA VICTORIA
La multitud invadió el terreno en estampida jubilosísima. Licón, abriéndose paso entre aficionados, completó la vuelta al cuadro con paso firme. Al llegar al home, sus compañeros lo alzaron a hombros, girando bajo la lluvia de aplausos. Juárez había ganado 7–5, y todas las carreras llevaban su firma.
LEGADO: DE RÉCORD A CUENTO
Quizá, dentro de décadas, un nieto pregunte: “Abuelito, ¿es verdad que viste a un jugador dar cuatro jonrones en un solo juego?” Y entonces sonreirás, porque lo vivir, lo gritaste y lo celebraste. Un récord real que se convierte en cuento maravilloso, tan bello como increíble.
DATOS CURIOSOS Y ECOS HISTÓRICOS
• En Grandes Ligas, solo unos pocos han conectado cuatro cuadrangulares en un partido.
• La foto histórica de Licón entrando al home es un símbolo de la pasión fronteriza.
• Aquel día, el Estadio Parral presenció uno de los actos más épicos en la crónica estatal.
Por Cesar Molina
Fuente;
Capitán Domingo Salcido Ramírez EPD.




