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Especiales — 20/05/2020 5:17 pm

¡UNA HISTORIA DE PELÍCULA!

 

Por Héctor Bencomo

Imaginen esta nota periodística como el inicio de una película… es un día soleado en un baldío como tantos que hay en México. Allí, solitario, un niño habla en voz alta. No hay nadie a su alrededor. Lanza una piedra al aire y con un pedazo de madera la golpea y la manda lejos. Corre desaforado a primera, da vuelta para segunda y llega barrido levantando una gran nube de polvo.
De pronto, sacudiéndose el pantalón comienza a discutir con un ampáyer imaginario que injustamente le marcó ¡out! en la jugada.
Ese era Mario Mendoza, un chamaco de Chihuahua que se convirtió en uno de los mejores short stop mexicanos de todos los tiempos.
Mendoza atendió una llamada de BATEO LIBRE, el programa de radio que trae a las estrellas del beisbol hasta tus oídos y que pasa de lunes a viernes, puntualmente a las cinco, por RG 690 La Deportiva. En menos de una hora nos contó grandes historias de su carrera.
“En aquel baldío yo hablaba solo. Mis hermanos más grandes me espiaban y se reían. Decían que estaba loco. Así jugaba yo… me encantaba. Fue parte de una infancia muy bonita”, dijo el hombre que pasó nueve años en las Ligas Mayores.
Su infancia transcurrió feliz, pero sin comodidades. Cuenta que fue su primer “spike” lo encontró tirado.
“Mi primer spike fue un solo zapato de beisbol. Me lo encontré en un arroyo, tirado. Me quedó y me lo puse. Yo jugaba sólo cuando estaba chamaco, Bateaba con una tabla, una piedra, corría me barría y le alegaba al ampáyer, supuestamente, yo solo”, recordó.
Mientras un pie usaba el spike, el otro estaba descalzo.
“Mis primeros spikes completos me los dieron en la categoría juvenil. Uniforme y zapatos. Muy a gusto. Antes de esos usaba los “gallitos” que dejaban mis hermanos”.
Mendoza fue firmado por los Diablos Rojos del México, quienes de inmediato lo mandaron a los Piratas de Pittsburgh.
No tardó mucho en llegar a las Ligas Mayores y en 1974 ya estaba en el mejor beisbol del mundo. Fueron cuatro años inolvidables con los Piratas, aquellos que contaban en sus filas con Willie Stargel, Dave Parker, Ken Tekulve, Jerry Reuss, Manny Sanguillén, John Candelaria y que eran dirigidos por Danny Murtaugh.
Esa misma generación que en 1979 llegó a la cima coronándose en la Serie Mundial. Pero Mario ya no estaba allí porque en 1978 pidió su cambio para jugar más partidos.
“Al terminar la temporada del ´78 les había dicho que me cambiaran. Quería jugar más. Hablé con Chuck Tanner y ese mismo invierno, como en diciembre, me dijeron que me cambiaron a Seattle”, recordó el chihuahuense.
Fue un cambio de seis peloteros en el que Enrique Romo, pitcher mexicano, vino a los Piratas y fue factor importante como lanzador de relevo, para ganar el Clásico de Otoño.
Mendoza comentó que no le pudo haberse ausentado de “la familia pirata” porque así el beisbol y con Seattle jugó dos temporadas como titular.
Fue en Seattle precisamente donde nació el término famoso “Mendoza Line” que cataloga a los peloteros que a pesar de batear sobre los .200 de promedio al bat, logran mantenerse en Ligas Mayores por buen tiempo.
Tom Pacioreck, compañero de Mario en los Marineros, le dijo una vez a George Brett que pasaba por una mala racha de bateo y que si se descuidaba caería en la “Mendoza Line”. Brett lo comentó en una entrevista a nivel nacional y así se instituyó la frase.
“Al principio lo hacían en tono de burla, por eso me enojaba, pero ya después no”, dijo Mendoza sobre el tema.
Aclaró que para llegar a las Ligas Mayores tuvo que demostrar en doble A que podía batear y que por eso llamó la atención de los Piratas cuando lo llamaron al equipo grande.
Recordó su primer partido, a tres días de haber llegado, entró de emergente a correr por Willie Stargel.
“Anoté desde segunda con un hit de Manny Sanguillén. Ese juego Lo ganamos en la décima entrada”, mencionó.
Dijo que el manager Danny Murtagh lo fue llevando despacio, solía entrar por Frank Taveras en las últimas entradas como defensivo.
“Fui un relevista corto defensivo”, dijo a manera de broma.
Su primer hit vino en Chicago, contra los Cachorros en el Wrigley Field. Esa tarde conectó tres.

ANÉCDOTAS
Dentro de los momentos amargos, recuerda que en Seattle, una vez le metieron bateador emergente en su primer turno al bat, es decir, en la segunda entrada.
“Me salí muy enojado, le hablé a mi esposa y le dije que nos íbamos del parque. Al día siguiente regrese más tranquilo, Bill Mazaeroski (coach) habló conmigo y la cosa no pasó a mayores”, dijo y recordó que el emergente bateó para doble play con la casa llena.
Y si de anécdotas raras hablamos, nos contó una que le pasó en Mexicali, en la temporada 2008-2009, cuando dirigía a los Aguilas en pleno playoff y uno de sus lanzadores se metió a la loma sin su consentimiento.
“Se metió a fuerza. El coach de bullpen llegó y me dijo: se va a meter a chaleco a pitchear. Le dije: Déjalo. Ya ni modo. Ibamos perdiendo 2-3. Se metió la brava. Vamos a ver qué pasa. Le empezaron a dar había dos compañeros de él atrás de mi y les dije: Se metió por sus cojones, que salga hasta que termine. Le hicieron cuatro carreras.
“Al día siguiente me corrieron. Ellos ya tenían un plan, me andaban haciendo el corralito. Acomodando la lona para tirarme. Era un relajo con los gerentes en ese 2008-2009”, aclaró Mendoza.

SU ACTUALIDAD
A casi 50 año de de debut como profesional, Mendoza se encuentra en su casa de Navojoa, Sonora, donde atiende la academia de beisbol que tiene uno de sus hijos.
“Tengo cuatro años que no trabajo en invierno ni en verano (en las ligas profesionales). Trato de ayudarme a mi hijo con la academia que tiene. Ya no me han ofrecido trabajo. Me consideran muy viejo, pero a mí me gusta andar activo”.
En 2019 fue invitado por Juan Gabriel Castro para apoyarlo como coach en el Premier 12 donde la Selección Mexicana logró el pase a los Juegos Olímpicos.
“Esa sería la cereza en el pastel de mi carrera, ir a los Juegos Olímpicos”, platicó con esperanza.
Y en cuanto a ser considerado uno de los mejores en su posición:
“Yo no puedo decirlo, lo dejo a la opinión de la gente. Siempre traté de jugar beisbol con mucha garra y ofrecerle lo mejor a la gente”, comentó.
Y mencionó a José Luis Sandoval como uno de los mejores paradores en corto que le tocó ver.

SATISFECHO
“Estoy satisfecho con lo que hice. Yo ni me imaginaba que iba a jugar Grandes Ligas. Se me hacía un mundo inalcanzable. Gracias a Dios comencé a disfrutar el beisbol. En ligas menores batee bien, por eso me tomaron en cuenta.
“Otra gran satisfacción es haber sido electo al Salón de la Fama en México. Llegar a las grandes ligas en mis tiempos rra muy difícil para un latino, y mucho más para un mexicano”.
Y así se despide Mario Mendoza “El Coruco” para los amigos, aquel niño que jugaba solo en el llano y que discutía con el ampáyer imaginario. Aquel que viendo jugar a su hermano Luis “El Payaso” quiso emularlo y aunque nunca pudo hacer sus jugadas de antología, logró llegar al mejor beisbol del mundo.
Moraleja: Si te gusta el beisbol y lo juegas con garra, disciplina y corazón, algún día cosecharás los frutos, como lo hizo Mario Mendoza.

#hitazo #hectorbencomo

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